miércoles, 10 de febrero de 2010

Miró por la ventanilla del tren por sexta vez en un minuto, no aparecía y el tiempo de despedirse se agotaba. El motor del Atlantis con destino a Roma empezó a funcionar mientras que sus nervios empezaban a aflorar, el humo salía al igual que las lágrimas caían por sus rosadas mejillas. Se cerraron las puertas y allí se quedo con la mano apoyada en el cristal.

-------

No voy a llegar, pensaba mientras zigzagueaba con su moto entre el rebaño de coches. No se había planteado un atasco de tal magnitud a esas horas de la mañana, y menos aun se le había pasado por la cabeza la opción de no poder despedirse de ella. Por fin se bajo de la moto y empezó a correr sin importarle otra cosa que no fuera ella.

-------

De repente sus miradas se encontraron, mil imágenes volvieron a su mente, esa primera mirada, la amistad que comenzaron, el primer beso y todos los demás, todas las risas, sus pequeñas bromas y todos los momentos juntos. ¿Y ahora? pensó ella, un año sin verse es mucho tiempo, una carta a la semana no será suficiente para que la llama que encendieron juntos siga viva y con la misma intensidad que ahora. El tren comenzó su camino, ese camino que ella no sabe el cambio que producirá en su vida.

-------

Mierda no lo he conseguido pensó con rabia, las puertas estaban cerradas pero entonces la vio, con la mano apoyada en el cristal esperando a alguien, a él. Su mirada se encontró con la suya y la realidad le abrumó, le derrumbó, estaría un año sin volver a verla, sin sentir sus manos recorrer su cuerpo y sobre todo sin bañarse cada día en sus ojos azul mar.


...