
Sintió su mano enredándose en su pelo, ella inmóvil miró al cielo, y nerviosa vio como esos labios extranjeros se acercaban a su boca, no respondió, cerró los ojos, y notó el calor de su aliento, entonces en su mente apareció otra imagen, otras manos, otros ojos...
Con una dulce suavidad le apartó y con voz firme y baja recitó-no son tus labios los que debo besar- en ese momento echó a correr, tan rápido como le permitieran sus pequeños pies, y en su cabeza un huracán de recuerdos revolvió hasta el mas hondo sentimiento, manos entrelazadas, miradas interminables, sonrisas impecables.
Era la noche mas corta del año, y sin embargo era el dolor mas amargo, gente riendo, cantando, SOÑANDO, y ella, en plena batalla, quería huir, escapar, echar a volar, que jamás nadie la pudiera alcanzar, sobre todo... ella quería olvidar.
Cuando cada terminación nerviosa de su cuerpo la alertó de que no podía seguir corriendo, entonces paró, perdida, entre la multitud de una ciudad amiga, pero en ese momento, totalmente desconocida y con la nariz enrojecida y la mirada perdida una lágrima recorrió su mejilla, y con ella estalló un mar que pronto nubló cada pensamiento.
En un último intento desesperado, sacó del bolso un papel y un mechero, y con la sangre de sus dedos escribió un último deseo, lo quemó mirando al cielo.
Ojalá el deseo se haga realidad.
ResponderEliminarRelato precioso!