Se despertó con el tic tac del reloj, cada movimiento de la aguja se le iba clavando poco a poco en su frágil corazón, consiguió abrir sus ojos y entre varios pestañeos dolorosos una lágrima se balanceó por su lagrimal hasta mojar la almohada, se quedó mirando al techo oscuro de su nueva habitación, empezaba una nueva vida, para uno, ya no eran dos.
Se le nublaban las pupilas al recordar la pasada noche, tanto dolor en tan poco tiempo era demasiado desafío para su inestable autoestima, estaba rota, hecha pedacitos, pero no era capaz ni de llorar, se había convertido en una figura etérea, sin rostro, sin ilusión.
Consiguió abrir la ventana, dejando que cada rayo de sol acariciara su piel, entonces un escalofrío recorrió cada terminación nerviosa de cuerpo, suspiró, y sin querer, dibujó en el cristal un corazón. Se llevó sus manos temblorosas a su demacrada cara, sintiendo con la yema de sus dedos cada surco de cada lágrima, sus pupilas se nublaron de nuevo y lloró.
Se sentó frente a su ordenador, y al abrirlo sus manos comenzaron a titubear, no sabían que decir, no podían escribir, pero una ráfaga de viento chocó contra su cara como una ola al romper en el mar, se armó de valentía y comenzó su historia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario